Los chicos de Bush

Por Néstor Núñez

¡Alarmante revelación, aún cuando no resulte un asunto ajeno ni desconocido para muchas personas! El gobierno de los Estados Unidos tiene desplegados en Iraq no menos de 180 mil mercenarios, un número superior a sus tropas regulares, cercanas a los 160 mil efectivos.

Es decir, la agresión a la añeja Mesopotamia se ha convertido en una gran empresa mercantil en material de tráfico de los titulados

“soldados de fortuna”, junto a los jugosos contratos logrados por los monopolios energéticos y constructivos Made in USA, no pocos de ellos envueltos en operaciones sucias, fraude y malos manejos.

Y aunque el mercenarismo constituye un acto condenado legalmente a escala internacional, Washington, nunca preocupado por cuestiones tan vanas, ha hecho de los “empleados bélicos” en Iraq un negocio de altos quilates.

Casas y agentes contratadores se mueven por el planeta para reclutar hombres listos a tomar las armas, bien como complemento y apoyo a las fuerzas regulares, bien como “custodios” de oficinas, centros públicos o de personajes que requieren de un gran despliegue de seguridad.

En naciones latinoamericanas como Perú, Chile o El Salvador, suman miles los enrolados por las empresas de mercenarios, conocedoras de que el Tercer Mundo es seguro proveedor de mano de obra barata. De hecho, los mercenarios de esta “categoría” reciben incluso menos salario que iguales procedentes de Europa, por ejemplo.

Según estimados, los grupos mercenarios en Iraq se nutren con unos 21 mil norteamericanos, 43 mil ciudadanos de otras nacionalidades, y unos 118 mil iraquíes, convertidos en carne de cañón local, entre otras cosas, por la carencia de otras oportunidades laborales provocada por la invasión foránea.

De manera que este territorio es tal vez hoy el gran emporio del mercenarismo internacional, y la gran olla de oro a la que acuden prestos los negociantes de soldados de fortuna.

Y todo el gasto, al igual que el mantenimiento de las tropas regulares y su equipamiento, sigue saliendo del bolsillo del contribuyente estadounidense, que pone el dinero y no pocas vidas a cuenta de las criminales aventuras de George W. Bush. Se explica entonces por qué el 62 por ciento de los norteamericanos se opone ya a la guerra. (AIN)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: