Del imperio: por el “cambio”

Néstor Núñez

Ciertamente existe un vocablo que se ha convertido en los últimos años en suerte de pivote inamovible en materia de política: se trata de la palabra cambio.

La usan aquellos quienes intentan honestamente la perfección de sus sociedades, pero a la vez, ha derivado también en bandera de intereses bien opuestos a que las transformaciones se produzcan sobre la base de la voluntad soberana de los pueblos y como respuestas legítimas y autóctonas a sus necesidades, aspiraciones y contextos.

En todo caso, afirman esas fuerzas, por cierto, muy poderosas y hostiles, no hay más cambio posible, viable, ni valedero, que aquel acorde con sus intereses y prioridades globales, ligadas, por supuesto, a intentar obtener la supremacía absoluta sobre el resto de la humanidad.

Y los ardides de tales grupos son numerosos y de variados tintes, desde las campañas mediáticas hasta la subversión, el terror y las guerras. Si lo sabremos los cubanos a estas alturas.

Nada de lo que la Isla soberanamente promueva para llevar adelante sus opciones de desarrollo económico, político o social, tiene valor para quienes desde el otro lado del mar no aspiran a otra cosa que a rendirla y doblegarla.

Si alguien lo duda, basta recordar que todavía descansa en Washington el plan completo de remodelación de la sociedad en la Isla confeccionado oficialmente en los días del mesiánico presidente George W. Bush, y el cual resulta como la Biblia de los grupos extremistas de Miami, aún cuando -miren qué cambio- hasta en la Florida son cada vez más los cubanos radicados allí que han roto el silencio de decenios y hablan sin tapujos del estrecho acercamiento a su tierra de origen.

De manera que el “cambio” en la mayor de las Antillas, ya ha sido santificado por el dueño del orbe, y resulta catecismo inviolable para quienes no cesan de llamar a otros dogmáticos e inmovilistas.

La situación se repite en todos los rincones del planeta donde Washington coloca el hocico.

El cambio en el ex campo socialista europeo no sumaría loas si no hubiese conducido a aquellas sociedades al capitalismo más rampante.

Las transformaciones aún por verse en Oriente Medio a partir de las recientes revueltas populares en esa zona, no pueden conducir a sociedades desligadas de las tenazas made in USA, y en el manipulado y explosivo caso de Libia y Siria, tampoco es permisible si no promueve el surgimiento de regímenes afines al imperio.

En fin, mucho cambio en las páginas de la prensa imperial y en los discursos oficiales, pero las mil y una amarras y condicionantes en la realidad concreta y objetiva. (AIN)

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